En cadena

La charla transcurre en la escalera mecánica. Una mujer le informa a otra que hay una liquidación de zapatos en un local de una famosa firma de Miami. La otra, agradecida, la saluda con un beso en el aire y corre a aprovechar la oferta. En media hora será ella quien repita el santo y seña y esta vez recomiende a otra un perfume imperdible. De esta manera, la cadena no se interrumpe a lo largo de todo el día; siempre en uno u otro escalón de la escalera, nunca en tierra firme. Desde una mesa de café, el sociólogo ad hoc apunta en su netbook de segunda mano: “A la hora de comprar (lo que sea), el instinto y timing femeninos superan largamente a la más efectiva campaña de marketing. Se podría decir que en ellas el consumo es intrínseco a su instinto; suerte de olfato que envidian -en vergonzante secreto- publicitarios, periodistas y, por qué no, maridos celosos. Lo de la escalera, en cambio, debe interpretarse como una licencia poética o una consecuencia aún no probada del estrés postraumático”.