El albañil de Bioy
Créanme
DF
Los Tilos
Vacas con ovejas
No pisen al perro
Hoy pienso en Julia
Yoko estuvo por aquí
Ella, el león
Tos del Khumbu
Aquí no ha pasado nada
Colaboración
¡Corten!
En el año del dragón, caballos
Dudosa fábula surcoreana
Eso que yo
Nada pasó
Wikifreak
Más de tres
La verdad de Félix Bush
Profético
Final alternativo
Final alternativo, símil “Elige tu propia aventura”: El escritor indignado descubre que no sólo el libro se llama igual a su cuento sino que el autor tiene su mismo nombre. Ante tan borgeana situación, se le nubla la vista y se desploma como la bailarina del Cisne negro. Los que están a su alrededor cambian de planes; deciden llevarse ese libro sin importarles si en algún momento despertará.
Ella a él / él a ella
Call center
Acting
Tu puerta
Contame
Tres deseos
Un tipo más
Alféizar
Tuerca & tornillo
Hielo negro
Barza
Milesky
Le dije mil veces que no me llamo así, pero él insiste en llamarme Milesky. No sé de dónde lo sacó, mi apellido es Palma, por lo que es fonéticamente imposible confundir Palma con Milesky. Sin embargo, no hay vez que no me llame, y para colmo a los gritos, con un “Milesky, venga para acá”, “Milesky vaya hasta el banco”, “Milesky, ¿me compró cigarrillos?”. Milesky, Milesky, ya me tiene harto con Milesky. ¿Pueden creer que hace dos días me estoy por dormir y escucho detrás de la ventana el mismo Milesky de cada mañana pero multiplicado por cien? Mi mujer y yo nos sobresaltamos. Abrí la ventana y ahí estaba el tipo, algo borracho, la corbata floja y llorando como un niño. Si ya estaba sorprendido, ni hablar cuando me dijo con tono y aliento alcoholizados: “Palma, querido Palma, perdóneme”. Antes de que pudiera contestarle, me interrumpió con su exitado monólogo. “Yo sé que usted no tiene la más puta idea de quién es Milesky y no tiene importancia que lo sepa. Lo único que le puedo decir es que lo amé mucho y que acaba de morir en Perú, donde se fue a trabajar a una minera cuando terminamos. Usted tiene una mirada que siempre me recordó mucho a él”. Me dio un fuerte y largo abrazo y se fue caminando por el medio de la calle. Yo me quedé mudo. No todos los días tu jefe te abre el corazón como si fuera un amigo de toda la vida. Al otro día presenté la renuncia, no podía mirarlo a la cara sin recordar lo que me había contado. Una vez llenados todos los papeles que me desligaban de la empresa tras quince años sin faltar un solo día, la secretaria me dice muy formal: “Por favor, firme aquí señor Milesky”. ¿Qué le iba a decir? Firmé y me fui feliz y aliviado, pensando que después de todo me hubiera gustado conocer a ese tal Milesky.
Después de Troy
Antes de morir, Troy Davis los mira fijo a los ojos y bendice a sus verdugos. Ellos sonríen con sorna porque saben, o creen, que lo de Troy es cinismo puro. Una vez entregado formalmente el cadáver, llega la hora de irse a dormir. Los tres caminan tranquilos por un interminable pasillo. Van en silencio, acaso rumiando una pregunta, alguna palabra que la muerte suele dejar como al descuido por ahí. Después de hacer su tarea no hay pesadilla posible para ellos. “Es un trabajo como cualquier otro”, se dicen pero nunca olvidan dejar la luz prendida toda la noche y todos los días de su vida.
Lógica
Tanto sueña con osos malhumorados que un día de estos me va a abrazar dormida y yo voy a sangrar tanto pero tanto que habré de soñar con vampiros hasta morderle el cuello y despertarla en mi propio bosque.
Los que caen
Todo comenzó con la foto. Caían hombres, caían mujeres, metales, vidrios. Gritos caían. Y de tan real parecía una película de cable. La peor. Vidas caían y uno podía imaginar un ruido, un estallido, un piano precipitándose, una piedra, un rosario, pero nunca un hombre, una mujer, alguien como ella, como yo. Caían desde tan alto que algunos hasta pedían un cuarto deseo.
La traducción
Copy raid
Todo lo que olvidé
Un día cualquiera, a cualquier hora, empieza a recordar y ya no puede detenerse. Nunca más. Rememora desde el primer día hasta el último. Un solo detalle: sus recuerdos son ajenos. Todos. Desde entonces, su única meta es saber a quién pertenecen.
El trabajito
Toco el aire, a vos no te toco
En lo suyo
Eso que cruje
Hágase la oscuridad
Magoo y Los Conejos Invisibles es esa banda que todas las noches toca a oscuras. Nadie puede decir éste es el cantante, aquél el bajista, si se los cruzara una vez terminado el show. Su música, pueden corroborar los críticos o cualquiera de sus fans, es tan extraña como curiosa su imagen: suenan como si un puñado de bastones blancos chocaran estrepitosamente después de atravesar un semáforo en negro. Canciones en braile que hablan de túneles, bocas de lobo, corpiños o viudas full time. Lo mejor de su performance llega cuando tocan el último tema y se abre un telón que nadie -salvo los músicos- sabía que estaba allí. En menos de lo que suena un acorde, las luces se encienden de pronto tan poderosas que todos cierran los ojos a la vez y ya no les queda otra que mirar en su interior.