Piensa el que mira
Días como éste
Una foto de Elisa
Materia prima
Medicina natural
Las campanas también
La pecera
Como quien se levanta a sacar algo de la heladera
Digresión
El sombrero de mi padre
La cara de mi madre llega antes que mi madre. No necesito un astrolabio para verla cruzar la calle. Me alcanza una ventana, los ojos bien despiertos, las ganas. Trae bolsas del supermercado en cada mano, su campera azul, el pelo sin canas, una billetera marrón, quince pesos, hambre de ayer. Mi madre siempre piensa –y lo dice– que algo malo le va a pasar. Igual sale a la calle, desafiando al horóscopo, las runas, los consejos de sus hermanas, los taxistas suicidas y esos pianos que no dejan de llover por las veredas y que ella sabiamente esquiva. Mi madre, ochenta años como ochenta mundos u ochenta satélites de amor, llega hasta mi casa y sabe que el niño que ahora la recibe también soy yo. Tengo el pelo más corto, menos vocabulario y aún demasiados libros por leer en mi mesa de luz. Cuando atraviesa la puerta y de casualidad se ve reflejada en un vidrio, saluda con su mejor sonrisa. Esa es su lección. Y yo sigo su ejemplo, cada vez que paso frente a un espejo me saco el sombrero de mi padre.
De tapas
Agua va
Elefante en el azar
El Señor
Paso de cebra
Música para un ascensor que sólo sube
Carne sobre carne
Asociación libre
Los sedentarios
Fluir
Teje, para no morirse teje. Con frenesí cruza las agujas como espadas en un duelo con sí misma o como un cuchillo y un tenedor que pugnaran por un trozo de la carne de una vaca sagrada. Tiene 80 pero también 40 o 93 o 101. Teje porque tejer es como escribir, escribió años ha en un pulover con colores de otro mundo. "Todo es cuestión de ritmo, de fluir como en una pesadilla con final abierto", enseña sin pizarrón a quien guste oír su asordinada letanía. Ahora que muere, que su orquesta de lana se viene abajo, en la bufanda negra sin terminar puede leerse con caligrafía de bruma que esta vez será Penélope la que oville el viaje, la que teja historias de un solo ojo y seduzca a las sirenas con el nudo ciego de su silencio.